martes, 22 de abril de 2008

COLECCIONISTA DE EXPERIENCIAS

Hoy he tenido una clase con un profesor mexicano que nos hablaba del disfrute en la experiencia del turista. Lo representaba con un gráfico. En el eje de abcisas las etapas del viaje (plan, reserva, salida, viaje y regreso). En el eje de ordenadas el nivel de disfrute del turista a lo largo de estas etapas. Era curioso descubrir que el punto más alto de satifacción se daba en el periodo de reserva y en la salida. A medida que se desarrollaba el viaje el nivel de satisfacción decrecía. No me lo creo mucho y me parece simplificar demasiado las cosas pero me ha servido para pensar.
Noto a mi alrededor que cada vez más la gente quiere coleccionar experiencias. Rápido, sin descanso, sin que importe demasiado el fin o la sabiduría ganada, sin espíritu crítico. Hoy en día para ser interesante (o parecerlo) tienes que tener un listado de mil cosas que has hecho, mil sitios que has visitado, mil personas que has conocido. Cuantas más en el menor tiempo, mejor. Si tienes 20 años y has estado en los cinco continentes, has subido en globo, has participado en una orgía, has comido cerebros de mono y has recorrido la Gran Muralla China a la pata coja...eres guay.
Mentira cochina. Hace años que descubrí que nada tiene que ver la intensidad de la vida de una persona con lo atractiva o interesante que me pueda resultar. A veces la belleza está en lo simple.
Yo he coleccionado experiencias, es verdad. Pero no quiero convertirme en un almacén de viejos recuerdos que poder contarle a mis nietos. Quiero sacar cosas en limpio de mis aventuras. Quiero vivir sabiendo que lo estoy haciendo para mejorar, aprender a ser selectiva y aprender a decir que no. O que sí. Pero decirlo con criterio. Porque no todo vale, ni todo es divertido por el simple hecho de ser nuevo. No necesito probarlo todo para saber que habrá cosas que no me gusten.
Estoy harta de conocer gente con una vida repleta de historias y vacía de contenido. Y esa gente no me interesa. Nada de nada. Ni para un café, oye.
BESOS

7 comentarios:

Pink Floyd dijo...

Las experiencias remarcables a mí me parecen de dos tipos, las que te dejan una anécdota, como ligarte a una rusa, y las que te dejan una sensación, como el arroz con bogavante del bahía. Ambos tipos son instructivos y molan.
Por otro lado, me veo en la obligación de corregirte, en mi faceta de empollón acusica gafotas, no es eje de coordenadas, sino eje de ordenadas (en contraposición a abcisas que parametrizan una variable independiente), aunque sí puedes hablar de eje de coordenadas en un mapa o en un espacio de fases.

rosanalpz dijo...

¡Qué razón tienes, hija!

Pilar dijo...

Que bonita entrada. Yo a veces me siento aturdida por esa clase de gente, y pienso, jolin, me he pasado media vida en el regazo de mi mamá y me dan miedo tantas cosas que la gente coleccionista de experiencias me da vertigo...
Que le vamos a hacer, a mí también me gusta saborear los placeres de la vida y a veces, pero muy de vez en cuando, actuar por impulso :)
Besos

Lu dijo...

cojonudo el post de hoy!!!! Totalmente de acuerdo!
Un besin

loli dijo...

Maru! cantas verdades salen nesta entrada de hoxe, tes toda a razón, eu quero que no meu saco estean todos os bos recordos dame igual se son moitos ou poucos pero que sexan de calidade, dos de verdade! e ti estás xa no fondo do saco para sempre, que lo sepas! bicos mil.

mxg dijo...

Interesante lo de funcion del disfute del turista. Es verdad que lo mejor es muchas veces la espera a una cosa y en cuando la tienes hay que buscarse otro destino o experencia, así es la vida...
Oye, que te hizo la gente con las experencias bacías que no quieres tomarte un cafe con ellos?

Anduriña dijo...

Bueno, varios días después de que hayas publicado este post, yo comento, con el riesgo de que nadie lo lea ya ;-). Sólo confirmar que también odio a esa gente que empieza a recitar una lista de los sitios en los que ha estado, de las drogas que ha tomado, de la gente tan diferente que ha conocido y que considera sus amigos, ...en fin, que yo quiero tener experiencias, pero sin provocarlas sin más para ser guay, sino disfrutar de las que vienen o de las que se me plantean, con el único fin de vivirlas intensamente y sacar siempre de ellas un provecho o un beneficio que pueda contar a mis nietos.

Biquiños