Procuro ser tolerante. No soy amiga de las polémicas y me cuesta pronunciarme sobre muchos temas controvertidos. Tengo muy interiorizada la diversidad del ser humano y de sus pensamientos y me gusta intentar entender las diferentes formas de ver la vida. Por lo menos intentarlo.
Pero lo de la manifestación contra el aborto me supera. No entiendo a esas señoras que no dudan en decir que un aborto es un asesinato. Y que la mujer que aborta es una asesina (buf). Estoy segura que ni por un segundo se han puesto en el lugar de esa persona. Ni lo intentan.
No entiendo que se cojan un autobús y hagan cientos de kilómetros para protestar porque otras mujeres decidan no tener un hijo. Me pregunto si todas ellas obligarían a sus hijas de 16 años a tener un bebé a pesar de lo que supone tener un hijo a esa edad. Esta vez lo tengo claro, me alegro de que la ley le otorgue la libertad de decidir a estas chicas.
Comprendo que alguien tenga la convicción de que nunca abortaría en el caso de un embarazo no deseado. Y me parece bien. Cada uno debe ser libre de decidir sobre su persona y su futuro.
Si algún día soy madre me gustaría que mi hija compartiera conmigo su decisión de abortar, pero entendería que no quisiera hacerlo. Porque yo también soy hija, y persona.
Si no supiera de qué va la manifestación, me uniría sin pensarlo a su lema 'cada vida importa'. Aquí podríamos entrar en un largo debate sobre qué es una vida. Yo otra vez lo tengo claro, algo que no ha nacido no está vivo.
Pues eso, vive y deja vivir.
